lunes, 30 de noviembre de 2009

Hoy, nada interesante

Es el último día de Bayram. Tengo que hacer unos ejercicios de turco que no me apetece buscar y un quiz online para International Business, una asignatura donde me enseñaron el lado positivo del trabajo infantil, aunque debo de ser tan cortito que no lo acabé de comprender.

Quedan sólo 55 minutos de luz solar, y llevo apenas una hora despierto. Ayer tras el partido y litro y medio de cerveza, fuimos a cenar a un Köfteçi. Rico, pero caro para los estándares turcos. Debo bastantes liras porque no me aceptaban la tarjeta. Y nos compramos una botellita de rakı (la bebida alcohólica típica de Türkiye, anís que pega unas ostias considerables) que no pudimos beber en la calle porque no nos apetece tener problemas con la policía.

No me he duchado, no he comido, y me da pereza ir a los ultramarinos de cerca de casa a por unos huevos para hacerme una tortilla de pimiento picante, socuk y queso.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Sonidos matinales

Aquí en Eskişehir tenemos una gran ventaja sobre el resto del mundo: no necesitamos ese infernal objeto conocido como despertador. Y no se debe a ser erasmus y no tener que levantarme a una hora decente para ir a clase, porque en ese aspecto soy un puteado, he ido más a la facultad en dos meses aquí que en cuatro años de vida universitaria santiaguesa. La sociedad turca ha pensado en eso y nos provee de multitud de ''agradables'' sonidos que hacen que abrir los ojos sea una tarea mucho más sencilla.

Comienzo por lo obvio, la llamada a la oración. El Islam tendrá muchas cosas buenas, pero desde luego tener que rezar a las SEIS DE LA MAÑANA no puede ser una de ellas. Un dios que te hace hablar con él a esas horas tiene que ser por fuerza un poco cabroncete. Es un canto precioso, un sonido que pasa de lo gutural a lo agudísimo en cuestión de segundos, por supuesto ininteligible, que se hace todavía más evocador cuando suenan todas las mezquitas a la vez, con un retraso entre uno y otro de medio segundo debido a la distancia y el volumen. En esta ciudad debe de haber 10 mezquitas, todas con su minarete y sus megáfonos.
Pero al contrario de lo que pensaba cuando llegué, no está el imán cantando no, tienen una cinta, o un servicio de tele-rezo, todavía no estoy muy seguro, con los cantos grabados. Es genial escuchar el pitidito de fin una vez terminada la oración, muy tradicional.

Tenemos también la musiquilla del aguador. Porque aquí, como la mano de obra es regalada, existen trabajos impensables en una ciudad española. La música del camión es algo un tirirí tii tuu - tararirarí que se te mete en el sueño y te acaba despertando por fuerza. Nadie puede soñar con una música así y ser una persona sana. Y hay aguador porque aquí las garrafas son de 12 litros y da por culo cargar con una de ellas desde la tienda, así que te la traen a casa a una hora indecente, eso sí, puedes llamar a la compañía y escoger que día quieres despertarte sobresaltado porque está aparcado justo al lado de tu ventana. Aquí lo de los timbres y bocinas está muy customizado: el mío suena como 20 pajarillos pidiendo comida a mamá pájaro, en el de Vicent, Murat y Mario Para Elisa, y el coche que más me impactó era el que tenía la música de El Padrino como pito.


Pero sin duda el mejor es el sonido de reactor de caza de combate. O mejor dicho, el sonido de CUATRO reactores de caza de combate en formación pasando por encima de tu bloque. Porque en esta ciudad universitaria tenemos un aeropuerto militar. Un aeropuerto militar de tamaño considerable en el que realizan las prácticas de vuelo los pilotos de caza turcos, además de hacer incursiones en zona kurda y ''practicar'' un poco allí también. Esto último es un rumor, claro... Empiezan a volar muy temprano, más o menos cuando sale el sol, y aquí lo hace muy pronto. Es fácil darse cuenta dado que las persianas prácticamente no existen. Hasta que pasan dos horas desde que se hace de noche siguen en el aire, haciendo imposible cualquier comunicación verbal mientras surcan el espacio aéreo de donde estés. En la universidad los profesores se callan y si estás hablando con alguien -en la calle, en tu casa, da lo mismo- haces un momento kitkat. Al parecer se habló de cambiarlo de sitio, pero era demasiado caro, así que se optó por joderle la vida a una ciudad de 500.000 habitantes. Pero parece que te acostumbras con el tiempo, mi compañero Tuğrul me dijo que reconocen fácilmente a la gente que no lleva aquí mucho porque se extrañan y miran al cielo cuando pasan los aviones. A algunos casi les puedes llegar a leer las letras que llevan pintadas.

Y para un sonido que sí que quería oir, que era la bocina como de inminente bombardeo sobre la ciudad que sonó el 10 de noviembre a las 9.05 de la mañana conmemorando el 71 aniversario de la muerte de Atatürk, no sonó cerca de mi casa.


Hoy Barça - Madrid en Los amigos, son del Barça. Todo muy casero.

viernes, 27 de noviembre de 2009

La Paranoia Turca

Hay muchos rasgos dignos de ser destacados de la forma de ser de mis nuevos conciudadanos: son amables, abiertos, serviciales, respetuosos... Pero lo que más me llama la atención es lo paranoicos que son. Con todo. Aunque aquí se vive como dios (especialmente si eres extranjero y de un país "rico" como es mi caso), Türkiye es un estado policial en toda regla, en cada calle te encuentras un grupo de cuatro o cinco agentes armados con metralletas, y coches, muchísimos coches patrullando. Otro día os hablaré sobre la enfermiza cantidad de cámaras de vigilancia que hay, algo totalmente surrealista, no hay tantos turcos en todo el país como para controlarlas.
Lo de hoy es algo mucho más banal e imprescindible para mí: cómo amañar hierba en Eskişehir.
Ir a comprar marihuana aquí es algo peligrosísimo. Yo, con mi condición de foreigner, no puedo ni soñar con ir al barrio peligroso donde la compran, ese gueto comparable a una favela brasileira. En serio, desde el primer momento en que me dijeron que había que ir a un barrio peligroso pensé, bueno, estoy en una ciudad universitaria, no en Istanbul, no puede ser para tanto, pero en fín, ellos viven aquí, tendrán más idea. Lo siguiente que me dijeron después de recalcarme lo peligroso que era, es que ese barrio está lleno de cámaras de vigilancia y que la policía pasa con frecuencia. Error. Algo no cuadraba en su explicación. ¿Cómo puede ser un barrio peligroso si está vigilado constantemente? Aquí haces algo ilegal y apuesto una mano a que no vuelves a ver la luz del sol en décadas. Esta gente es una acojonada por naturaleza. Lo único peligroso de ese barrio es ir con la ilusión de volver a casa con marihuana para descubrir que una vez que quitas las hojas y las semillas, te queda un bonito trozo de papel de libreta.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Arabistan Stylo

Durante mi primera visita al Kapalı çarşı (Gran Bazar) descubrí varias cosas interesantes. La primera que el lugar es fascinante, con mil tiendas con millones de chorradas para turistas. La segunda es que te estafan y tu te vas contento. Mi caso. Pero sin duda el momento mágico fue, con el enésimo tendero que nos atendía en un castellano cuasiperfecto, cuando este se interesó por conocer de qué parte de españa éramos cada uno, yo dije Galicia, y él me dijo con un acento turcogalaico "galleguiñu". Adoro esa gente que en su vida ha estudiado, y sin embargo hablan 7 idiomas y tienen un master en timo y dolo. Verdaderos triunfadores.

Allí me compré una túnica maravillosa, que se ha convertido en mi ropa de andar por casa, para sorpresa mayúscula de mis kankas y del grupo de erasmus que nos vieron a Albert y a mi bailar estrambóticamente con ella en el hostal sin nada por debajo. Cada uno con la suya.

Esa noche los que trabajaban en el hotel se enamoraron de nosotros. Más que por sus palabras lo dedujimos por las risas que escuchábamos detrás nuestra cuando volvímos a nuestro piso.

Es comodísima, incluso más que los pantalones de rapero, y combina con mis nikes.

Y como no podía ser de otra manera, fue parte importante de mi disfraz de Halloween. Junto con el cinturón bomba que me fabriqué con papel maché y unos cables. Todavía no me explico cómo ninguno de los musulmanes que salió de fiesta con nosotros esa noche se sintió ofendido. Y pondría las fotos, pero esta mierda de editor no me deja intercalarlas entre el texto.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Comenzando vol.2

Este post original data del día 12, cuando decidí empezar a escribir esto, pero como no había opciones de cambiar los colorinchos, o al menos yo no las encontraba, pues paré. Aquí parece que sí que puedo, así que lo retomo, pero estoy vago para escribir una nueva así que pongo la misma.

Hace exactamente 55 días y unas cuantas horas con sus minutos y segundos que aterricé en el lado europeo de este mi país de acogida (previo pago de 130 leuros a las autoridades) con una maleta llena de ropa y dos botellas de pampero aniversario de las que mis kankas se apresuraron a dar buena cuenta. Y ya se que había prometido a tres cuartas partes de mis conocidos que comenzaría un blog en una semana a más tardar, y que ya han pasado casi dos meses. Bah, estaba muy ocupado labrándome una reputación de fiestero como para escribir lo que hago y veo, pero tengo un libro de economía internacional delante que no me apetece leer, así que ya toca.
Os hablaré un poco de todo, y todo poco a poco, que sigo igual de tirado que siempre, pero al menos un par de actualizaciones semanales espero que caigan, e incluiré fotos que presumiblemente robaré a mis estimados amigos valencianos.
Pero si esperáis que sea un monográfico sobre las curiosidades y diferencias, ya podéis cerrar el blog, porque me resulta más interesante mi vida aquí que lo que pasa aquí todos los días de la turcovida del populacho.

Ahora sin más cierro esta entrada, que tengo q ir a por las dosis verdes de un cuarto del erasmus.

Görüşürüz küçük orospus