jueves, 17 de diciembre de 2009

Triborough Towers garbage

Aquí la recogida de basuras no es un asunto mafioso, no hay rivalidades familiares por su control ni presión a los comerciantes. Pero os puedo asegurar que es bastante más chocante que eso.

Una característica muy a destacar de Eskişehir, y aplicable al resto de Türkiye, es la total inexistencia de contenedores. Sobreviven unas pocas papeleras, y en el centro de la ciudad. Y que no los haya obedece a una razón muy simple a la vez que radical: no los hay para que no puedan poner bombas dentro (aquí, amigos, con más de 40000 muertos de un bando y otro, no se puede hablar de terrorismo. Es una guerra). No es broma, aunque lo parezca. Hasta ese punto llega la obsesión turca por la seguridad y el control.

Debido a eso, aquí la basura se puede dejar en cualquier sitio de la calle, sales del portal con tu bolsa de mierda y la tiras en la esquina más próxima, donde presumiblemente ya habrá unas cuantas. Hay que reconocer que el servicio de recogida es muy eficiente, toda la basura es recogida cada día, si no no se podría vivir. No quiero imaginarme una situación como la de Nápoles el año pasado en Türkiye, además de contaminarse la mozzarella, aparecerían toda clase de enfermedades. Aún así, después de tres meses, sigue pareciéndome una guarrada eso de dejarla en las aceras.

Pero eso no es lo peor; lo más preocupante es la función social que cumple. Aquí hay mucha pobreza. Muchísima. Si bien todos podemos conocer gente que lo pasa mal, os puedo asegurar que hasta que vives en un país así no te das cuenta de lo realmente afortunado que eres simplemente por una cuestión de nacimiento privilegiado. ¿Quienes habéis visto carretas de cartoneros por la calle? Apuesto a que ninguno de los que me leeis. Pues hay muchos. Aquí la gente sigue moviéndose en carros de caballos por el medio de la ciudad, recogiendo todos los embalajes que encuentran, y la basura es, por desgracia, su mayor fuente de ingresos. Hay un contraste enorme. Lamento siempre no haber salido un día de casa con la cámara, y haber tomado una foto que lo reflejaba perfectamente: aparcando en frente a Havelka un Ferrari, creo que era un maranello, mientras a su par por la calle de ese mismo Havelka circulaba un cartonero con la esperanza del día en el remolque . Aquí el sueldo medio no llega a los 300 euros al mes. Y con eso vivir es imposible, y sobrevivir una odisea. Y los niños en la calle... eso es sencillamente tan impresionante que las comparaciones con situaciones similares que suceden en españa serían ridículas. Algún día, cuando estrene la sección "Entre personaje y personalidad", os hablaré de Deniz, un niño más maduro que muchos de nosotros.


Dos días y contando...

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Cuenta atrás

Hace una hora que me he levantado y estoy deambulando por casa igual que Bill Murray en Zombieland, vivo, aunque no lo parezca. Ayer por fin terminé las presentaciones, con felicitación de la profesora incluida. A mi con que me apruebe me conformo, no quiero ni pensar en la posibilidad de un septiembre santiagués.

Mi habitación es un desastre, entre vasos de çay, ropa sucia, cojines, ceniza, y un bote de mayonesa. Ayer fue hiphop party en el up&down más vacío que he visto desde que abrió. Me lo pasé como un enano, y no quiero saber la pasta que me he dejado, porque bebí votka ve vişne suyu como un animal. Aún así, me acuerdo de todo menos de la vuelta a casa justo hasta el momento de cruzar la puerta. Extraño.

Es miércoles ya, el sábado a las 8 de la mañana cojo el bus hasta el Atatürk Havaalanı y allí un avión de Iberia me espera para llevarme de vuelta a casa por navidad, muy al estilo El Almendro. Tengo que ser totalmente objetivo, ahora mismo no quiero ir. Aunque tengo muchos y buenos motivos, mucha gente a la que echo de menos, mi sol y mi nube verde; el día 3 cuando pise Istanbul de vuelta estaré radiante (es lo que pienso ahora, también se que cuando tenga que cojer ese odioso bus que me lleve a la capital me iré oscuro y triste sabiendo que no os veré en muchos meses, que no te veré en muchos meses). Es el ambiente acogedor del erasmus y el viento del Bósforo. Quiero volver a sentirme perseguido por gaviotas hitchcocknianas mientras me adentro en Asia. Y ver alejarse la silueta mágica de un nocturno Sultanahmet.

jueves, 10 de diciembre de 2009

Me cago en el erasmus


No es cierto. El erasmus es una experiencia fantástica a todos los niveles. Me gasto gran parte de mis yeteles en cerveza, vodka y tantunis, con lo que me volveré alcohólico además de una pelota de seguir con este ritmo. Eso es felicidad.

Espero, ahora sí, poder retomar esto para la semana que viene, una vez que termine las putas presentaciones que estoy obligado a hacer si quiero aprobar. Cómo echo de menos el sistema universitario español que premia la vagancia extrema. Y nunca os intereseis por las economías de transición, he pasado cuatro de las peores horas de mi erasmus con un trabajo de título "Expanding encouragement in transition economies". Es todavía más aburrido de lo que parece.


La semana pasada mis ocupaciones fueron de otra índole. Resulta que sin comerlo ni beberlo he comenzado una prometedora carrera como actor, que me llevará a Hollywood, o a la miseria social, todavía no lo tengo claro. Pero aprendí que hacer un programa de televisión es complicado de cojones, los cámaras y los realizadores son mis nuevos héroes.
Mi primer papel, al que corresponde la foto, era de una gran complejidad interpretativa. Dr. Slump, experto mundial en cagaderos. Un personaje para la historia. Me dió mucha pena no poder decir aquello de "unha merdiña!", hubiese sido un magnífico tributo. El siguiente fue de juez insensible de un concurso de baile, a lo Risto o Simon Cowell. Como todos los que me conoceis podréis deducir, un papel hecho a mi medida, siempre he sido el clásico vacilón hiriente... La verdad es que me lo pasé de puta madre, los productores unos agarrados, pero mucha magia en la dirección. También descubrí que odio los malditos focos de estudio cuasisoviético que se cae a pedazos, y que me encantan los soportes con ruedas de las cámaras.

El resto de mi semana fue fiesta constante, y muy buena. Viernes y sábado llegué a casa de día, algo muy dificil de conseguir en cualquier pais con unos horarios lumínicos normales (no como en Alaska) y que no sea España. Aquí todo cierra a las 4 (todo quiere decir los exactamente cinco sitios que abren hasta esa hora. Sólo uno es aceptable) y luego te comes los mocos. O como viene siendo habitual, vas a casa de Alba a joderle el sueño. Beber en la calle está prohibido, tanto por la policía como por el frío siberiano que disfrutamos, y las macrofiestas en casa suelen terminar con los señores agentes llamando a tu timbre, amenazándote con tener que pagar in situ una burrada de dinero, y que amablemente esperan en tu puerta a que todo el mundo desaloje el piso. Y este es uno de los mejores sitios de Turquía para irse de fiesta (Istanbul come aparte), que conste. Estos turcos vienen a Lugo y alucinan. No quiero ni imaginar lo que pensarían en Ibiza. Pero aún así, es imposible no pasárselo de puta madre entre votka, bira, rakı, valencianos, un pelotudo argentino, y demás erasmusitos centroeuropeos. En marzo quiero veros por aquí disfrutando de la gozosa vida turca. Y eso en marzo, porque en febrero me voy a Tailandia, Camboya, Myanmar y posiblemente algún otro país del sudeste asiático a vivir como un marajá.

lunes, 7 de diciembre de 2009

No se ha terminado

Mañana prometo retomar el blog con la frecuencia habitual. Esta semana fue muy ajetreada entre rodajes y fiestas que os contaré al detalle.

Ahora voy a intentar escribir otro poco una vez rulado el último canuto que me queda, llevaba dos semanas esperándome.

martes, 1 de diciembre de 2009

Agua corriente


Hay que reconocer que los gastos mensuales de una casa son risibles. Entre renta, agua, gas, luz, internet y comida (las pocas veces que como en casa, soy un sibarita) no alcanzan los 120 euros al mes, lo cual está muy bien. También es cierto que soy uno de los erasmus que más suerte ha tenido en ese aspecto, mis kankas son unas personas excepcionales que se han preocupado por mi desde el momento en que pisé suelo turco, mi casa está bien situada y no me he tenido que comprar yo los muebles. Además tenemos todos los electrodomésticos que deben de estar presentes en un hogar occidental. Porque aquí tener lavadora en casa, y sobre todo, que funcione todo, es un auténtico lujo. Si bien a los pocos días de llegar se jodió el calentador y estuve casi dos semanas duchándome con un barreño de agua calentada previamente en una pota.

Lo curioso aquí es cómo funciona el servicio de agua corriente. No existen los recibos. Cada piso tiene una tarjeta como la del autobús (la del autobús de ahí, aquí la propia tarjeta del transporte público tiene un trozo de metal parecido a una pila de botón saliendo de ella), y fuera de casa tienes un maquineto donde la insertas y se obra la magia. Las tarjetas no se compran, se recargan en una camioneta que cada día de la semana aparca en un barrio diferente. Y si tienes la mala suerte de quedarte sin ''saldo'' un día que no toque en Yenibağlar, estás jodido. Tienes que ir a un edificio que ni los propios turcos saben donde está. En mi barrio aparca los miércoles y los sábados, de 9 a 16.30, con su correspondiente hora de descanso para la comida. El tío de la furgoneta es turco, sólo habla turco, y al parecer, de una forma bastante deficiente. Se forman colas parecidas a las de las puertas de los bancos el día de cobro del paro.

Pero lo peor que te puede pasar es llevar 30 segundos bajo el agua, estar recién enjabonado y que el chorro desaparezca. Y sí, eso es bastante común, la ley de murphy también tiene validez en Türkiye. A mi me ha vuelto a pasar esta mañana. En ese momento blasfemas en todos los idiomas que sabes y sales del baño mojando las alfombras del pasillo con la toalla del Ché anudada a la cintura, buscas desesperado a alguno de tus compañeros de piso y les haces saber que tienen que salir a proporcionarte el líquido elemento. Hoy tuve que hacerlo yo solo, atravesar semidesnudo la estepa helada que es la entrada de mi edificio, y adivinar cual de los contadores es el que corresponde a tu piso. Desde hoy me considero mejor persona, creo que le he regalado parte de mi agua a los vecinos.

La verdad es que es un sistema bastante extraño, y eso siendo benévolo. Porque sí que tienen recibos de gas y de luz. Aún así, con 5 euros de recarga tienes para todo el mes.