No es cierto. El erasmus es una experiencia fantástica a todos los niveles. Me gasto gran parte de mis yeteles en cerveza, vodka y tantunis, con lo que me volveré alcohólico además de una pelota de seguir con este ritmo. Eso es felicidad.
Espero, ahora sí, poder retomar esto para la semana que viene, una vez que termine las putas presentaciones que estoy obligado a hacer si quiero aprobar. Cómo echo de menos el sistema universitario español que premia la vagancia extrema. Y nunca os intereseis por las economías de transición, he pasado cuatro de las peores horas de mi erasmus con un trabajo de título "Expanding encouragement in transition economies". Es todavía más aburrido de lo que parece.
La semana pasada mis ocupaciones fueron de otra índole. Resulta que sin comerlo ni beberlo he comenzado una prometedora carrera como actor, que me llevará a Hollywood, o a la miseria social, todavía no lo tengo claro. Pero aprendí que hacer un programa de televisión es complicado de cojones, los cámaras y los realizadores son mis nuevos héroes.
Mi primer papel, al que corresponde la foto, era de una gran complejidad interpretativa. Dr. Slump, experto mundial en cagaderos. Un personaje para la historia. Me dió mucha pena no poder decir aquello de "unha merdiña!", hubiese sido un magnífico tributo. El siguiente fue de juez insensible de un concurso de baile, a lo Risto o Simon Cowell. Como todos los que me conoceis podréis deducir, un papel hecho a mi medida, siempre he sido el clásico vacilón hiriente... La verdad es que me lo pasé de puta madre, los productores unos agarrados, pero mucha magia en la dirección. También descubrí que odio los malditos focos de estudio cuasisoviético que se cae a pedazos, y que me encantan los soportes con ruedas de las cámaras.
El resto de mi semana fue fiesta constante, y muy buena. Viernes y sábado llegué a casa de día, algo muy dificil de conseguir en cualquier pais con unos horarios lumínicos normales (no como en Alaska) y que no sea España. Aquí todo cierra a las 4 (todo quiere decir los exactamente cinco sitios que abren hasta esa hora. Sólo uno es aceptable) y luego te comes los mocos. O como viene siendo habitual, vas a casa de Alba a joderle el sueño. Beber en la calle está prohibido, tanto por la policía como por el frío siberiano que disfrutamos, y las macrofiestas en casa suelen terminar con los señores agentes llamando a tu timbre, amenazándote con tener que pagar in situ una burrada de dinero, y que amablemente esperan en tu puerta a que todo el mundo desaloje el piso. Y este es uno de los mejores sitios de Turquía para irse de fiesta (Istanbul come aparte), que conste. Estos turcos vienen a Lugo y alucinan. No quiero ni imaginar lo que pensarían en Ibiza. Pero aún así, es imposible no pasárselo de puta madre entre votka, bira, rakı, valencianos, un pelotudo argentino, y demás erasmusitos centroeuropeos. En marzo quiero veros por aquí disfrutando de la gozosa vida turca. Y eso en marzo, porque en febrero me voy a Tailandia, Camboya, Myanmar y posiblemente algún otro país del sudeste asiático a vivir como un marajá.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario