Hay que reconocer que los gastos mensuales de una casa son risibles. Entre renta, agua, gas, luz, internet y comida (las pocas veces que como en casa, soy un sibarita) no alcanzan los 120 euros al mes, lo cual está muy bien. También es cierto que soy uno de los erasmus que más suerte ha tenido en ese aspecto, mis kankas son unas personas excepcionales que se han preocupado por mi desde el momento en que pisé suelo turco, mi casa está bien situada y no me he tenido que comprar yo los muebles. Además tenemos todos los electrodomésticos que deben de estar presentes en un hogar occidental. Porque aquí tener lavadora en casa, y sobre todo, que funcione todo, es un auténtico lujo. Si bien a los pocos días de llegar se jodió el calentador y estuve casi dos semanas duchándome con un barreño de agua calentada previamente en una pota.
Lo curioso aquí es cómo funciona el servicio de agua corriente. No existen los recibos. Cada piso tiene una tarjeta como la del autobús (la del autobús de ahí, aquí la propia tarjeta del transporte público tiene un trozo de metal parecido a una pila de botón saliendo de ella), y fuera de casa tienes un maquineto donde la insertas y se obra la magia. Las tarjetas no se compran, se recargan en una camioneta que cada día de la semana aparca en un barrio diferente. Y si tienes la mala suerte de quedarte sin ''saldo'' un día que no toque en Yenibağlar, estás jodido. Tienes que ir a un edificio que ni los propios turcos saben donde está. En mi barrio aparca los miércoles y los sábados, de 9 a 16.30, con su correspondiente hora de descanso para la comida. El tío de la furgoneta es turco, sólo habla turco, y al parecer, de una forma bastante deficiente. Se forman colas parecidas a las de las puertas de los bancos el día de cobro del paro.
Pero lo peor que te puede pasar es llevar 30 segundos bajo el agua, estar recién enjabonado y que el chorro desaparezca. Y sí, eso es bastante común, la ley de murphy también tiene validez en Türkiye. A mi me ha vuelto a pasar esta mañana. En ese momento blasfemas en todos los idiomas que sabes y sales del baño mojando las alfombras del pasillo con la toalla del Ché anudada a la cintura, buscas desesperado a alguno de tus compañeros de piso y les haces saber que tienen que salir a proporcionarte el líquido elemento. Hoy tuve que hacerlo yo solo, atravesar semidesnudo la estepa helada que es la entrada de mi edificio, y adivinar cual de los contadores es el que corresponde a tu piso. Desde hoy me considero mejor persona, creo que le he regalado parte de mi agua a los vecinos.
La verdad es que es un sistema bastante extraño, y eso siendo benévolo. Porque sí que tienen recibos de gas y de luz. Aún así, con 5 euros de recarga tienes para todo el mes.
martes, 1 de diciembre de 2009
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