Hace una hora que me he levantado y estoy deambulando por casa igual que Bill Murray en Zombieland, vivo, aunque no lo parezca. Ayer por fin terminé las presentaciones, con felicitación de la profesora incluida. A mi con que me apruebe me conformo, no quiero ni pensar en la posibilidad de un septiembre santiagués.
Mi habitación es un desastre, entre vasos de çay, ropa sucia, cojines, ceniza, y un bote de mayonesa. Ayer fue hiphop party en el up&down más vacío que he visto desde que abrió. Me lo pasé como un enano, y no quiero saber la pasta que me he dejado, porque bebí votka ve vişne suyu como un animal. Aún así, me acuerdo de todo menos de la vuelta a casa justo hasta el momento de cruzar la puerta. Extraño.
Es miércoles ya, el sábado a las 8 de la mañana cojo el bus hasta el Atatürk Havaalanı y allí un avión de Iberia me espera para llevarme de vuelta a casa por navidad, muy al estilo El Almendro. Tengo que ser totalmente objetivo, ahora mismo no quiero ir. Aunque tengo muchos y buenos motivos, mucha gente a la que echo de menos, mi sol y mi nube verde; el día 3 cuando pise Istanbul de vuelta estaré radiante (es lo que pienso ahora, también se que cuando tenga que cojer ese odioso bus que me lleve a la capital me iré oscuro y triste sabiendo que no os veré en muchos meses, que no te veré en muchos meses). Es el ambiente acogedor del erasmus y el viento del Bósforo. Quiero volver a sentirme perseguido por gaviotas hitchcocknianas mientras me adentro en Asia. Y ver alejarse la silueta mágica de un nocturno Sultanahmet.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
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