Durante mi primera visita al Kapalı çarşı (Gran Bazar) descubrí varias cosas interesantes. La primera que el lugar es fascinante, con mil tiendas con millones de chorradas para turistas. La segunda es que te estafan y tu te vas contento. Mi caso. Pero sin duda el momento mágico fue, con el enésimo tendero que nos atendía en un castellano cuasiperfecto, cuando este se interesó por conocer de qué parte de españa éramos cada uno, yo dije Galicia, y él me dijo con un acento turcogalaico "galleguiñu". Adoro esa gente que en su vida ha estudiado, y sin embargo hablan 7 idiomas y tienen un master en timo y dolo. Verdaderos triunfadores.Allí me compré una túnica maravillosa, que se ha convertido en mi ropa de andar por casa, para sorpresa mayúscula de mis kankas y del grupo de erasmus que nos vieron a Albert y a mi bailar estrambóticamente con ella en el hostal sin nada por debajo. Cada uno con la suya.
Esa noche los que trabajaban en el hotel se enamoraron de nosotros. Más que por sus palabras lo dedujimos por las risas que escuchábamos detrás nuestra cuando volvímos a nuestro piso.
Es comodísima, incluso más que los pantalones de rapero, y combina con mis nikes.
Y como no podía ser de otra manera, fue parte importante de mi disfraz de Halloween. Junto con el cinturón bomba que me fabriqué con papel maché y unos cables. Todavía no me explico cómo ninguno de los musulmanes que salió de fiesta con nosotros esa noche se sintió ofendido. Y pondría las fotos, pero esta mierda de editor no me deja intercalarlas entre el texto.

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