En primer lugar, lamento la nueva frecuencia de actualización, pero desde mi vuelta de tierras lejanas ando de aquí para allá, pasando unas 4 horas al día en casa y volviendo a la vida social que tantas alegrías me está dando. Y debería estar ahora mismo en Irak, pero me han vuelto a joder los planes en la universidad.
Al tema.
Me acuerdo de cuando comentaba por ahí que me iba de erasmus a Turquía y la inmensa mayoría me decíais cosas del estilo de estás tarado,porqué coño te vas a Turquía, tío, y te vas a un país musulmán! Como ya sabeis todos, no me arrepiento lo más mínimo, es una de las mejores, si no la mejor, experiencia de mi vida. Y como ya os dije, Turquía no es un país musulmán, es un estado laico. Eso no significa que no haya una religión oficial, y como os acabo de recordad que esta no es el Islam, os voy a hablar un poco de la que sí lo es. El fútbol.
No hay nada parecido al sentimiento futbolístico en este país. Todo el mundo está loco con ese deporte, ni punto de comparación con España por muchas burradas fanáticas que se sucedan en nuestros campos. Aquí la gente mata y muere por su equipo. Y cada vez que hablo con cualquier fulano en la calle, en una tienda, en un taxi y digo de donde soy, la conversación siempre sigue la misma tónica: la selección, el Barça, el Madrid, Messi, Cristiano Ronaldo, Xavi, Iniesta. La mayoría son aficionados al Barcelona y la liga aquí se sigue con un interés considerable.
Y que os hable de esto ahora tiene una razón muy concreta. El lunes pasado fui por primera vez a ver un partido al estadio del Eskişehirspor, que, sorpresa, es el equipo de la ciudad. Y no era un partido cualquiera, si no uno de los más esperados por la ciudad en toda la temporada, un partido de riesgo. El Galatasaray, en condición de líder, venía a jugar aquí. Todo fue bastante improvisado. Yo estaba en casa y como dos horas antes del partido, mis turcos me dicen que se van al estadio, a lo que les respondo con un sutil ''qué hijos de puta, con lo que me molaría a mi ir''. Y sin esperarlo, me ofrecen acompañarlos, que nuestra vecina tiene entradas. De puta madre, pensé, pero necesito saber cuánto cuestan por si puedo permitirme ese lujo (lujo ninguno, la entrada costaba solo 17 euros) en este mes de vacas flacas. Me regalan la entrada y allí que me voy con ellos, sin saber todavía que no había entradas para los seis que ibamos.
Llegamos al estadio como media hora antes de que el arbitro pitase el inicio del encuentro, la entrada vallada y una multitud de seguidores en la puerta, entradas en mano, encarándose a la policía, recriminando sabe dios qué, y practicando el noble arte del insulto al señor de azul. Ahí es cuando descubres que ser extranjero es complicado en ambiente hostil porque no sabes lo que te dice el hooligan que tienes al lado, pero como la mayor parte de los vocablos que salen de su boca son gritos guturales haces lo que debes y te mimetizas en el ambiente. Ergo, te dejas dominar por la masa y dejas salir al orco que llevas dentro. También es util haber aprendido insultos en turco, así cuando le gritan a la policía algoenturco-algoenturco-orospucuğu (hijos de puta) puedes unirte feliz. El siguiente paso fue derribar las vallas, lo que les llevó unos 10 minutos, esto con el beneplácito de los agentes. Entras al complejo del estadio y ahí es cuando comienza lo divertido. Una puerta cerrada, una multitud de exaltados, y un partido muy importante. Caos. Diversión. Un grupo de aficionados comienza a aporrear la puerta, encaramarse unos a otros y a sacar su ira. Protegiéndose los dedos con la bufanda, introducen la mano por el marco y empiezan a forzarla para poder entrar. Lo consiguen, y dentro están los antidisturbios. Discuten unos minutos -nosotros alejados de la zona de peligro- y comienza la fiesta. Un botecito de gas lacrimógeno y unos porrazos. Gente corriendo con los ojos rojos pidiendote agua para calmar el escozor. Más gente gritándose unos a otros. Situado en la cola correcta, flanqueado por mis turcos para que no me pase nada, empiezo a ver escenas que en un partido en primera española no podrían suceder jamás. La gente, con vallas apoyadas en la pared, comienza a colarse al estadio por ventanucos de los típicos de vestuario. Viejos, ambos aficionados del equipo local, discutiendo a grito pelado mientras la policía está a su lado asintiendo con la cabeza y fumándose un cigarrito. Mareas en la puerta de los pivotes giratorios.
Y llega nuestro momento de acceder al estadio. Del brazo de Tuğrul llego a la puerta, y le pregunto por mi entrada. No hay. Tampoco importa. Me embute contra los pivotes, le dice no se qué al turco que ''controla'' el acceso, y se pega a mi. Pasamos los dos a la vez por la puerta giratoria con una sola entrada. Al final resultó que entramos seis con cuatro tickets. En el estadio no coje un alma. Vamos subiendo por las escaleras de acceso a la grada y, en el último escalón antes del descansillo, su mano golpea mi pecho indicándome que debo pararme ipso facto. El motivo, el himno nacional. No pude ni subir ese puto escalón hasta que se terminó. Y era divertido, porque en ese instante todo el estadio se puso de pie, en silencio, y mano en el corazón a escuchar solemnemente el himno. Estoy convencido de que si llego a pasar de todo me caen unos buenos palos, y ya había comprobado minutos antes que tienen la mano bastante ligera. Acaba el himno y continuamos nuestra odisea que era la búsqueda de un lugar desde el que ver el partido. Y nos cachean. Bueno, hacen el amago. Podía haber llevado no se, una cabeza de cochinillo (si hubiese cerdo) que la habría colado perfectísimamente. Para el próximo, bengalas. Como los de enfrente. Los futboleros españoles deberían aprender lo que es animar a tu equipo. Desde el minuto uno hasta el 90 la gente sólo toma asiento -asiento en la grada de un estadio turco es un trozo de porexpán que puedes comprar antes de entrar- durante el descanso. No se paró de cantar y soltar consignas, repetidas y continuadas de grada a grada durante todo el partido. El ambiente es intensísimo y la gente vive los colores con demasiada pasión. El equipo de aquí, no se el porqué, toca un pasodoble y todo el estadio bota tarareando la música que los tambores, las trompetas y las tubas tocan. Es Es Es, Ki Ki Ki, Eski Eski Es!
El resultado, 2 - 1. Ganó el equipo local, lo que no significa otra cosa que la locura generalizada tras salir del estadio. Gente invadiendo las calles, parando a los coches y balanceándolos. Por supuesto, la policía escolta a los seguidores visitantes cierto tiempo después. Más que nada porque si no la kirmizı simşekler pasaría a ser de una tormenta a una marea rojo sangre. En cuanto al futbol, no te da tiempo a aburrirte porque no paras de saltar y cantar, porque ser son malos con ganas.
P.D: Aquí os dejo el primer link de un programa de la BBC llamado Football Factory, sobre los hooligans en Turquía, centrado en la rivalidad entre Galatasaray y Fenerbahçe. La locura. Muy divertido.
http://www.youtube.com/watch?v=XJa5hd8kiRI
lunes, 15 de marzo de 2010
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Me encanta tu manera de narrar las cosas... xDDDD... se echaban de menos tus anécdotas! ;D
ResponderEliminarEscribe!!!! :D
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