viernes, 22 de enero de 2010

By the face

Soy libre. Tras una semana sin poder irme de fiesta, hoy vuelvo a reclamar mi puesto de honor entre la sociedad nocturna de Eskişehir, tan duramente ganado a base de borracheras y desinhibición. Un despertar cubierto por la nieve que no ha hecho otra cosa que alegrarme el día, hasta que un puto camión a la salida de la universidad me ha puesto perdido de mierda. Porque si ya hay barro de por si en esta ciudad, con lluvia o nieve se vuelve simplemente una gran ciénaga con edificios en el medio. Por cierto, estoy que reviento. Por dos euros y medio he comido como un auténtico señor, primero, segundo y postre. Como voy a echar de menos los Varuna, madre mía.

Y por fín puedo dedicarme en exclusiva a pensar y preparar el viaje. En cuatro días Han se va en busca de temperaturas por encima de los 0 grados, que ya iba tocando.


Los que me lleváis leyendo un tiempecito os habréis dado cuenta de que en este país nada tiene sentido. El sistema vital turco es un manual de cómo hacer las cosas al chou y que a nadie le importe si es conforme a las reglas o a una lógica básica común a cualquier ser humano. Y como no, con las notas pasa exactamente lo mismo. Lo que viene a continuación debería hacer que todos los que todavía tengáis la posibilidad de acogeros al programa erasmus pidáis Turquía, en concreto, Anadolu Üniversitesi. A diferencia de cualquier sistema lectivo superior europeo, aquí no hay examenes de septiembre. Si suspendes, te jodes. Punto pelota. Ahora bien, si suspendes, eres gilipollas y deberías abandonar cualquier carrera que no fuese la de vagabundo. Da lo mismo que una asignatura tenga 2 créditos que 12, sólo hay tres horas de clase a la semana, con un descanso de un cuarto de hora cada 45 minutos, y una última hora que la mayoría de los profesores se pasa por el forro. Y hay que ir a clase, o al menos eso pensaba yo, que con toda mi buena voluntad asistía con una frecuencia desconocida desde mis tiempos en las pepas. Qué equivocado estaba. Pero sin duda el punto más cómico de todo esto son los exámenes. Aquí se usa una escala de 0 a 100, lo cual acaba por tener un poco más de coherencia que aquellos 6,381 de Estructura Económica, por ejemplo. Pero las notas no son numéricas, si no con letras, al estilo americano. Dos letras, para ser más concreto. Como escribí anteriormente, tenía suspenso International Economics. Pues al final resulta que no, todo gracias al incomprensible sistema turco de evaluación. Saqué un CD, que más o menos viene a significar que estoy aprobado de forma condicional. Lo mejor es la condición. Da igual que suspendas una asignatura si apruebas las demás. Si la media total de tus asignaturas resulta en CC o superior, estás aprobado en todo. Sin más. Da lo mismo que nada tengan que ver entre sí o incluso que sean de carreras distintas. Y yo preocupandome todos estos días por si tenía que rehacer todo el acuerdo de estudios, el cual, por cierto, han perdido. También he llegado a la conclusión de que jamás contrataría a un turco de mi rama laboral sin más estudios superiores que la carrera, porque si en españa nos forman de pena, aquí te deforman. Ahora comprendo mucho mejor porqué Adel, Juanjo y Edu han repetido erasmus aquí por segundo curso consecutivo. Nada que ver con que dos de ellos tengan novia turca, sin duda ha sido porque suspender aquí es casi tan dificil como hacerlo en preescolar.

En definitiva, que la vida me sonríe de nuevo. Esta noche Nash, que el Istanblue está caro de cojones, y a despedir a la mayoría de los erasmus con los que no he tenido relación, más que nada porque son unos aburridos sin iniciativa. Por lo pronto, una siestecilla previa a mi nueva aparición televisiva.

Allahaısmarladık.

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