Me encuentro en una situación muy similar a la que propició la primera entrada de este blog que trata de la nada más absoluta. Con el libro de Dominick Salvatore delante y menos ganas todavía de leerlo que en aquel ya lejano mes de noviembre. Y me permito el lujo de profetizar que los resultados serán similares: el único examen suspenso. Al menos espero tener tiempo para aplicar esa vieja frase gallega de ''quen non chora, non mama''. Y si no funciona pues bien... no terminaré la carrera este año. Pero es que objetivamente, es un auténtico peñazo. La profesora no sabe dar la clase, mucho menos hacerla interesante, y eso me lleva a odiar profundamente a Ricardo, Ohlin, y demás economistas prominentes del campo del comercio internacional, por muy interesantes y útiles que hayan sido sus aportaciones a la ciencia económica, que lo han sido.
Hoy, día 16 de enero, comienzan las despedidas. Han pasado cuatro meses desde que llegué a tierras otomanas y el grueso de la comunidad erasmus comienza a acercarse a su momento de volver a casa. Me alegro de que la opción Miami no haya prosperado, dejar ahora Eskisehir sería dejar inacabada una obra maestra. Soy un afortunado. La mayoría de los erasmus del centro y este de Europa no tienen la posibilidad de quedarse ambos cuatrimestres, y los pocos que lo consiguen no disfrutarán de beca. Es ahora, a unos días de empezar mis andanzas por el sudeste asiático cuando empiezo a darme cuenta de que he llegado al ecuador de mis desventuras turcas.
Esta noche es la fiesta de despedida de Dávid, el primero en abandonarnos. El lunes pondrá rumbo a su Hungría natal, dejando atrás muchos recuerdos y buenos amigos. Lo positivo: ya tengo casa en Budapest. Y la voy a usar. Entró en nuestra vida al confraternizar con una española que con el tiempo se convirtió en una de mis mejores amigas aquí. La verdad es que él y yo somos bastante diferentes y sin embargo hemos compartido prácticamente todo el erasmus hasta la fecha. Echaré muchísimo de menos escucharlo hablar húngaro (el idioma más divertido del planeta, con una diferencia abismal sobre el segundo) con Martina, parece que hablan hacia dentro. A él le debo el descubrimiento de la palabra perfecta: pattogatott kukorica. Para los que no lo sepais, que sereis todos, significa ''palomitas'' en húngaro. Desde ese momento decidí coleccionar dicho palabro en todas las lenguas del mundo. También sé decir ''mi gatita'', un honey a la húngara: Mizu cica. Maravilloso.
Pues bien, la verdad es que me da pena que empiecen a abandonarnos poco a poco, por lo que me he guardado la última botella de las cuatro de licorcafé que importé desde el Bar Anselmo para despedirle de la manera que se merece: con un ciego épico digno de aquellos viernes santiagueses en la Quintana con el fucking Manuel. Eso, y los canutos de hierba que tengo preparados para esta noche. Más de cuarenta borrachos en casa Cenk le diremos adiós de la mejor manera posible; montando tanta gresca que sobre las doce y media de la noche la policía se unirá a nosotros. Cuestión de tradiciones.
Será una baja importante sobre todo en cuanto a mantener una rutina. Dàvid es de los pocos europeos que se han apuntado a todas las fiestas y desde el principio siguió un ritmo de vida español. Y eso es de agradecer, pues la mayoría han supuesto una lucha constante de poder a poder para conseguir integrarnos en un gran grupo internacional. Luego ya vendría el momento de definir afinidades.
Y el palinka. Bendito sea. Ese licor blanco de olor afrutado, envasado en la botella más fálica que he visto en la vida (Sandra, la portuguesa, que también se irá en breve, se divertía sobremanera con ella) y que te mete unas ostias increibles. No se debe vivir mal del todo allá, la verdad es que no.
Lamento no tener tiempo material para ir a tomarnos nuestro último özel lahmacun al Sağlik Pide. En otra vida.
En definitiva, un hasta luego con cariño, se me da mejor escribir cosas en tono satírico que bondades personales.
Y así, poco a poco, hemos llegado al fin del principio. Los nudos en las historias están sobrevalorados (que se lo digan a James Cameron y su nuevo ''peliculón''. Debería haber muerto tras Terminator 2). Dentro de un mes y una semana, llegará el principio del fin.
sábado, 16 de enero de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario